Me asombro de las numerosas veces que, de un modo inconsciente, me descubro tomando posesión de las cosas. Hablo de mi silla, de mi mesa, de mi ordenador y, hasta, de mi lápiz. Esta consideración, y esta forma de pensar y hablar, tiene como consecuencia que me lo crea y así lo considere, con el consiguiente malestar cuando me descubro haciéndolo.
En el momento en que entro en la oficina y encuentro mi silla ocupada por otra persona que, evidentemente, la necesita y la está utilizando tengo que racionalizarlo. De primeras me sale aquello de ¿porqué has cogido mi silla?. Menos mal que, a veces, esta racionalización es meramente mental y este pensamiento inconsciente no aflora de mi boca. Por tanto, todo queda en una toma de conciencia por mi parte y, en todo caso, emito aquello de ¿vas a estar mucho tiempo?.
Si este suceso se visualiza desde el otro lado, desde el compañero de trabajo que ha visto una silla desocupada, la ha cogido y la usa, el esquema gira en torno al mismo concepto. De modo inmediato es consciente de que ha cogido mi silla. El también se ha dado cuenta de que la silla es mía y tiende a disculparse del modo más correcto por su intromisión en “lo mío”. Por tanto, me realimenta el hecho de que la silla sea mía.
Pero, ¿es realmente mía?. De ningún modo si no asociamos la propiedad con el uso habitual.
Pensándolo creo que este tipo de situaciones de apropiación no se producen con igual intensidad en el espacio privado de nuestra casa. Creo que allí nos relajamos mientras que en el trabajo toma cuerpo de verdad.
Si esta situación se refleja en los elementos tangibles, ¿qué se puede decir de aquello no visible registrado en nuestro ordenador?. Hemos hecho del disco duro una prolongación de nuestro ser. No nos importa duplicar o triplicar los contenidos que manejamos, impedir la accesibilidad de otros, repetir las mismas búsquedas de información y restar eficiencia personal y global por mantener los códigos binarios bajo nuestro orden, bajo nuestro aparente control.
Pero ha llegado la bautizada 2.0 con el compartir como vector fundamental, para luchar contra esa ansia frenética de propiedad y de ineficiencia. Propone no tener, poniendo en su lugar a disposición de otros lo que se tiene para tener más. Posibilita el no guardar cada uno sino guardar una vez para todos. Permite colaborar sin necesidad de pedirlo. Actualiza por obligación ya que solamente hay esa posibilidad. Ayuda a aprender porque se basa en sumar. Genera nuevas realidades al poner lo individual a la interpretación de otros. Rompe lo unívoco, supera lo biunívoco y explosiona la red con sus múltiples oportunidades de fuga, de reelaboración, de recreación.
La base: frente a la querencia de poseer, la virtud de cooperar. Ya están aquí las propuestas de la web 2.0. Bienvenida seáis en cualquier tiempo, en cualquier espacio.
Alberto Etxeandia

Tu post me ha hecho reflexionar un montón a todos los niveles, me parece muy interesante lo que comentas.
Y me viene a la cabeza alguna entrevista que he leido de Santiago Niño Becerra quien vaticina un cambio de sistema económico y de valores a todos los niveles.
¿será cierto? Tu reflexión me refuerza este pensamiento!!!
Creo que es el momento de cambiar el chip en el ámbito personal y profesional.